Desde que tenía quince años siempre quise escribir una historia de vampiros, de hecho comencé a hacerlo pero no me gustó, luego vi la película de Crepúsculo y la odie, leí los libros y no me gustaron. Con todo esto me alejé de la idea de los vampiros ¿por qué? Porque yo soy muy dada a escribir romanticismo, con un poco de ¿drama? y no quería hacer un Crepúsculo 2.0, pero la idea de esta historia me vino cuando escuchaba The Kill de 30 Seconds to Mars por billonesima vez y decidí escribirla, a medida que escribía la historia se alargaba así que no tengo idea de cuantos capitulos serán. He de decir que las parejas protagonistas son gays así que si no les agrada absténganse de leer, también puede verse en un inicio cierta pedofilia, así que si tampoco te agrada no sigas leyendo.
A continuación anexo las imagines que más se acercaron al físico de los protagonistas (son principalmente personajes de anime editados):
Y la ultima advertencia: esto es un crepúsculo mejorado y aumentado, en versión gay y sin familia "vegetariana", además de la ausencia del hombre lobo pedófilo y nadie va a la escuela, así que el protagonista no es "casi" atropellado y como es hombre no queda embarazado así que no habrá cesárea con los dientes.
LOL
Ahora si les dejo la historia, la cual es completamente mía así que no la cojáis sin mi permiso ¿vale?
Por cierto, el primer título era "Unión carmesí" pero justo hoy cuando me bañaba para ir al trabajo pensé que sería mejor ponerle "Lazos Rojos"...luego explicaré el por qué de los dos títulos que básicamente son lo mismo.
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Capítulo 1
Telón de fondo
No creo en nada
Ni en el fin ni el principio
No creo en nada
Ni en la tierra ni en las estrellas
No creo en nada
Ni en el día ni en la oscuridad
No creo en nada
Más que en el latido de nuestros corazones
//100 suns-30 Seconds to Mars//
Eran quizás la una de la mañana cuando la luna llena se posaba sobre el horizonte, el bullicio de la ciudad cesaba un poco y era acompañado por la danza de los arboles cada vez que una sinuosa ventisca los acariciaba. En el corazón de aquella ciudad maldita se encontraba una casona a la cual los años la habían azotado salvajemente pero que aún se mantenía en pie, para muchos deshabitada y para otros embrujada, la propiedad se llenaba de vida en cuanto el sol moría en aquella línea invisible donde la tierra y el cielo se unían, entonces tres pares de ojos refulgieron en el interior de aquella casa olvidad y los candelabros que alumbraran siglos atrás tan hermoso hogar se vieron de nuevo encendidos, ceñirían una vez más las velas blancas y soportarían el fuego incandescente.
Las grandes ventanas se mantenían protegidas por enormes cortinas de tela gruesa y negra acompañadas de las telarañas que gobernaban cada rincón de la mansión. Sin decir palabra alguna los tres hombres dejaron sus aposentos casi al mismo tiempo, de esa forma llegaron a reunirse al pie de la escalera de doble ala, pisaron con delicadeza el gran escalón cubierto de alfombrado escarlata y se mantuvieron unos segundos quietos. El primero de esos hombres era un joven alto, muy alto, de cabellera larga cuyos mechones se alzaban hacía el cielo mientras cuatro delgados mechones caían sobre su cara, su piel era apiñonada y su nombre era Bernard. El segundo era el más menudo de los tres, y destacaba por ser el único con cabello rubio, el cual era tan largo que cubría sus orejas y llevaba el fleco de forma en que los ojos quedaban libres y algunos cabellos caían sobre su nariz, su piel era más blanca que el chico anterior y su apariencia mucho más joven, él respondía al nombre de Markus. Por último se encontraba Jared, sus ojos se mantenían cubiertos por sus parpados mientras sus labios comenzaban a despegarse; él tenía el cabello castaño oscuro era largo y caía hacia sus hombros de forma grácil, no era tan musculoso como si lo era su compañero, pero tampoco sería tan delgado como Markus; quizás era el más pálido de los tres muchachos y quizás también el más callado.
—Andando—sentenció Jared.
En un instante la casona quedó desierta, apenas se escuchó cómo, tras desaparecer el sonido de la palabra que había pronunciado el joven, la puerta principal se cerraba con un sonido apenas perceptible.
La noche era fría pero eso no había impedido que Isabel se hubiera quedado hasta tarde estudiando para su examen final de anatomía, el sueño la había dormido poco después de la medianoche y su cuerpo descansaba sobre el escritorio de su habitación, su cabello yacía esparcido sobre su libro y unas libretas con sus apuntes, además de algunas hojas que se encontraban en desorden. Poco después de la una de mañana su sueño comenzó a turbarse, se movía más de la cuenta y terminó por despertarse. Aturdida sin saber porque se encontraba ahí talló sus ojos y bostezó en más de una ocasión. Su garganta imploraba por un poco de líquido y se encaminó a la cocina, cuando regresó sintió como la brisa le daba contra el rostro, así se enteró que la puerta corrediza del balcón estaba abierta. Lo ideal era cerrarla pero al intentarlo Isabel terminó por salir a contemplar la noche, se apoyó contra los barda hasta que sintió como alguien la observaba, de inmediato se giró. En la esquina del balcón un muchacho que únicamente llevaba los pantalones se encontraba recargado sobre la pared de su apartamento.
— ¿Sabes? El cuerpo cuenta con varias venas de suma importancia, pero mi preferida es la carótida, esas arterias discurren a ambos lados del cuello e irrigan tanto el cuello como la cabeza, es algo interesante ¿no? Muy linda también —dijo el desconocido.
— ¿Quién eres tú? ¿Cómo llegaste aquí? ¿Y qué demonios haces?—dijo la chica completamente asustada.
—Mi nombre no te interesa, el cómo haya llegado tampoco tiene importancia y lo que hago en este lugar te desagradaría tanto que prefiero no decirlo.
—Estás loco—musitó Isabel.
— ¿Es eso? ¿De verdad estoy loco?—apareció delante de la chica en un microsegundo y besó los labios fugazmente—. No lo creo, tan sólo vengo a comer.