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martes, 17 de enero de 2012

Prohibido enamorarse—Capítulo 22


Sí, sé que ha pasao mucho tiempo desde la última actualización pero no tenía ánimos para escribir esta historia, fue como si de pronto toda mi inspiración para con ella desapareciera, pero por fin pude escribir algo...y lo más seguro es que no sea lo mejor...Se lo dedico con mucho cariño a Gaby, mi preciosa nena, y a Tere, mi adorada cursi, las adoro lindas :-*

NOTA: No tengo ni la más mínima idea de cuándo Bill comenzó a  usar su relicario, ni se bien cómo es la cubierta de este (lo más acercado sería una ecografía, pero por el hilo argumental no podría ser una ecografía) por lo cual decidí dejarlo liso: será sólo una cubierta negra y ya @.@

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Frente a una multitud
Defiendes lo que eres y lo que fuiste,
Presente en una actitud.
En la soledad
Disfrutas el amor que recibiste.


Capítulo 22
La corona de la Reina

Mi lengua se movía dentro de la boca de Bill, de vez en cuando me dedicaba a acariciar con la punta de mi extremidad el piercing de mi novio, estábamos tumbados encima de mi cama con las manos aferradas al cuerpo del otro y nuestras lenguas inmersas en un intercambio de caricias, pero el aire faltaba y era momento de separarnos.

—Feliz aniversario—dijo él mientras me miraba a los ojos y acariciaba mi mejilla.

Bill estaba prácticamente acostado encima de mí deleitándome con un beso más suave que el anterior, mientras con sus manos acariciaba mis mejillas como si fuera una pieza delicada de arte. Su peso no me molestaba, en realidad me fascinaba la idea de estar así con él en ese momento.

—Más bien mesversario—dije antes de darle un beso en la mejilla.

—Eso suena tan cursi—en eso coincidíamos, pero había querido molestarle un poco.

—¿Son tres meses no?—sonaba tan poco, unos escasos tres meses que para mí habían resultado los más difíciles del noviazgo, pero al parecer comenzábamos a entrar en una etapa mucho más plena.

—Y los que vendrán—me dijo antes de besar de nuevo mis labios.

Al dejar de besarnos Bill se acomodó a un lado de mí dejándome recostar mi cabeza sobre su pecho mientras él acariciaba mis rastas, momentos como esos me fascinaban y siempre quería que no terminaran jamás. Desde que nos habíamos hecho novios habían pasado tres meses, poco tiempo pero de por eso dejaban de ser los tres mejores meses de mi vida, a pesar de lo que pasó con Emily.

—Te tengo un regalo—le dije a Bill y me puse de pie.

Caminé a hacía mi cómoda y saqué una caja aterciopelada color azul oscuro con un moño plateado. De vuelta a la cama me senté en el filo mirándole a él, quien se había incorporado y estaba apoyado contra la cabecera. Le extendí la caja mientras sonreía y Bill me miraba con mucha seriedad, habíamos dicho que no eran necesarios los regalos.

—No tenías por qué—dijo tomando la caja azul.

—Pero si quería—le dije aún sonriendo.

Dejando de lado nuestro contacto visual mi novio se dispuso a ver su regalo, quitó la tapa de la caja y se encontró con un relicario de cubierta negra y detalles dorados. Sonreí al ver su expresión entre sorprendido y feliz.

—Tendré que tomarte una fotografía—me dijo y se acercó a mí gateando sobre la cama para besarme.

— ¿Te lo pongo?—le pregunté cuando nos separamos del beso y el apoyo su frente contra la mía.

jueves, 20 de octubre de 2011

Prohibido enamorarse — Capítulo 21


Podemos ser sinceros
Al abrir el corazón
Podemos ser amenos
Al escuchar a la razón

Capitulo 21
Mediodía de un vínculo

Entre mis dedos acariciaba una rasta dorada de la cabellera de mi novio, mis dedos recorrían una pequeña extensión de esos cabellos y luego la soltaban para tomar un más. Con mi otra mano me sostenía para quedar más arriba que Tom, pues mi novio estaba recostado en un sofá junto conmigo, pero desde mi posición yo lograba contemplar su perfil de buena forma y mientras lo hacía pequeños suspiros salían de mis labios.

—Despierta—le dije al oído a mi novio y después le di un beso en la mejilla.

Tom comenzó a removerse mientras apretaba sus músculos y se estiraba, al mismo tiempo que movía su boca de forma graciosa. Me acerqué a su rostro mientras mi mano acariciaba su mejilla, entonces acerqué mi boca a la suya y sellé nuestros labios en un beso. En ese momento una de sus manos acarició levemente mi rostro a lo largo de la mandíbula, estaba despertando y una sonrisa adornaba su cara, sus ojos brillaban de una forma que lograba hipnotizarme y volví a besarlo.

—¿Qué hora es?—me preguntó mientras se tallaba un ojo con la muñeca.

—Casi las ocho—le dije despacio.

—Me van a matar—susurró al mismo tiempo que giraba su cuerpo para quedar frente a mí.

—A mí también—le dije al oído.

—Pero no me quiero ir—me dijo mientras acomodaba su cabeza sobre mi pecho.

Acaricié sus rastas superficialmente sintiendo el calido aliento sobre mi pecho, además su aroma me llegaba firmemente y no podía evitar sonreír pues tenía entre mis brazos al chico que tanto amaba. Poco a poco, a medida que el tiempo transcurría, Tom se fue tranquilizando más y se separó de mi para verme al rostro, ambos sabíamos que la hora de irse estaba próxima.

—¿Por qué esto no puede ser eterno?—me preguntó mi novio mirándome anhelante.

—Podemos tener muchos momentos así—le dije antes de besar dulcemente sus labios.

La radiante sonrisa que tanto me fascinaba apareció en el rostro de mi Tom, se veía tan lindo que recordar su cara luego de llorar provocaba cierta molestia en mi, pero todo eso se había quedado atrás y mi novio me había perdonado. En ese momento la lengua de Tom jugó con su piercing y me quedé viendo ese detalle de la boca de Tom, con el tiempo me había acostumbrado a sentir ese metal cuando nos besábamos. Estiré mi mano y con mi dedo toqué la pieza metálica.

—Tu piercing—Tom me miró extrañado— ¿Por qué te lo hiciste si a ti no te gustan esas cosas?

— ¿Ah?

Mi sorpresiva pregunta había dejado desconcertado a Tom, quien me veía sin comprender bien a que me refería, después de todo no era muy normal que preguntara esas cosas, pero desde que había visto a Tom con esa perforación me había cuestionado acerca del motivo que lo llevaría a hacer eso sí según su hermana le tenía miedo a ese tipo de cosas. Entonces noté que Tom mordía su labio y miraba hacia abajo sin ánimos de verme a los ojos.

—¿Recuerdas cuando Ahren y Edwin te golpearon?—me preguntó con voz chiquita.

—Sí—le respondí recordando como esos cobardes me habían golpeado sin darme oportunidad de defenderme estando yo en desventaja numérica— …pues por eso.

— ¿Por qué esos me pegaron?—pregunté sobresaltándome un poco, esa respuesta me confundía más.

—No—dijo al tiempo que meneaba su cabeza en forma negativa—, justo aquí te pegaron—dijo poniendo la mano sobre el piercing.

—¿Fue por eso?—inquirí confundido por su respuesta.

—No—me dijo suavemente—, quería recordar que no fui capaz de defenderte, quería tener ese momento presente porque tú eras especial sin que me diera cuenta. En realidad no sé bien porque lo hice…

—¿Fue por mi?—dije aún sin creerlo.

martes, 23 de agosto de 2011

Un nuevo "poema" de mi fic twc


Prohibido enamorarse— Capítulo 19

Existes situaciones
Que no podemos controlar.
Existen sentimientos
Que no podemos cambiar.

Capitulo 19
Fuera de control

La actitud de Tom después de informarle que ayudaría a Emily con su tarea me había dejado un tanto intranquilo, más allá de la serenidad con la que mi novio había tomado el asunto estaba el hecho de que su mirada no era tan tranquila. Tom no estaba contento con ello, pero de todas formas yo tenía que ir a la biblioteca a hacer mi trabajo.

Como me lo esperaba la amiga de Holy estaba ahí esperando a que yo llegara a ayudarla luego de terminar el trabajo por el que había ido a la biblioteca. Iba bastante arreglada, su cabello caía en trabajados risos por sus hombros, la chica iba vestida con una ropa que la hacía ver mayor y resaltaba perfectamente su rostro.

Comenzamos a hacer el dichoso trabajo, ella era lista y lo acabamos rápidamente, así que terminamos charlando. Emily me preguntó muchas cosas, desde mi color favorito hasta el artista que más me gustaba, mis gustos musicales, mis deportes favoritos, si había tenido viruela y muchas más cosas; luego hablaba sobre sí misma sin que yo se lo pidiera, comencé a notar como su mirada no se apartaba de mi y de pronto me sentí incomodo estando con ella.

—¿Cómo es la chica de tus sueños?—me preguntó Emily.

—No lo sé…jamás lo pensé, creo que no tengo—le respondí con toda franqueza—, aunque existe alguien que me gusta.

—¿En serio?—preguntó con cierto disgusto en su voz.

—Sí, es una persona maravillosa—le contesté.

—Oh—exclamó al tiempo que enarcaba ambas cejas—, ¿y no puedo saber quién es la afortunada?—me preguntó mordazmente.

—No—le dije con el ceño fruncido, no tenía ni la más mínima idea de que se traía la muchacha—, además no es afortunada.

—Claro que lo es—dijo con una sonrisa interrumpiéndome.

—Es afortunado—vi como su rostro se desencajó y su vista perdió algún punto fijo.

La niña que tenía frente a mis ojos no emitía ninguna palabra de su boca, tan sólo miraba a la nada con la boca abierta, quizás había sido demasiado franco pero sus preguntas habían llegado a molestarme. Finalmente me miró a los ojos y despego los labios.

—¿Eres gay?—me dijo en un susurro.

—No lo sé—dije sinceramente—, pero la sociedad me catalogaría como tal ya que me gusta un chico—ella me miró consternada—. Emily, él es la única persona que me ha gustado, nunca nadie me había interesado. ¿Podrías guardarme ese secreto?

—Para que no te molesten—musitó la chica.

—No, eso me tiene sin importancia—levantó el rostro—, sólo protejo a otras personas.

A Tom. Aunque también a Andreas y de cierta forma a Holy, además de mi familia.

—No diré nada…

—Será mejor que me valla—le dije tomando mis cosas—, nos vemos.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Prohibido enamorarse—Capitulo 18


Celos, muestra reacia

De la falta de confianza
De la inseguridad,
Innecesarios, inevitables,
Incoherentes e insaciables.

Capitulo 18
Instinto humano

Las relaciones humanas siempre tienen un grado de complejidad que no sabía describir y muchos menos identificar. Cuando yo había iniciado mi relación con Bill sabía que aquello sería una cosa difícil, pero aún así nunca me imaginé alguna situación como aquella.

Yo me había molestado con Bill porque había ayudado a Emily con un trabajo de literatura, al enterarme yo me dejé llevar por los celos que sentía y no quise escuchar las explicaciones que me dio, tan sólo me limité a decirle que me dolía la cabeza, acto seguido entré en mi habitación y cerré la puerta detrás de mí.

Justo a la salida de clases Emily, la mejor amiga de mi hermana, había llamado a Bill para hablar con él a solas, en cuanto dijo aquello comencé a irritarme pero dejé que platicaran solos tal como ella quería. Pero yo sabía que quisiera lo que quisiera no era nada bueno, se había esmerado en el peinado y llevaba la vestimenta sumamente pulcra. Asco de chica aquella, con su risilla fingida y su hombro que subía casi hasta tocar su mejilla cada vez que lo hacía. ¡Le estaba coqueteando a Bill! La forma en que lo miraba, cómo sonreía, los movimientos que hacía  mi novio era incapaz de notar todas esas señales.

—Oye Tom—me dijo cuando caminábamos a la salida para esperar a Andreas que todavía no terminaba la actividad de la clase—, ¿te molesta si llego más tarde hoy a tu casa?—me preguntó mirando al frente.

— ¿Por qué?—le pregunté inseguro de que se trataba aquello, levanté mi mirada y en ella claramente se veía reflejada esa duda.

—Porque tenía pensado ir a la biblioteca del pueblo por la tarde porque no he terminado mi reporte de Historia—me dijo al mismo tiempo que bajábamos la escalinata de la entrada—, además Emily me pidió ayuda para un trabajo y aprovecharé para ayudarle un poco.

—Ah—exclamé sin ganas y enseguida apreté la mandíbula y los puños.

—No te molesta ¿o si?—preguntó al verme.

—No, para nada—dije forzando una sonrisa—, sólo me pareció sorpresivo.

—No te enojes Tomi—me sonrió de tal forma que mis maldiciones interiores callaron y dejé de desearle una muerte dolorosa a la amiga de mi hermana.

Cuando llegué a mi casa subí de inmediato a mi habitación a hacer mi tarea, todo para mantener la mente despejada, terminando la tarea de Biología mi cabeza me dolía así que bajé a la cocina por un analgésico y de inmediato regresé a terminar mi tarea, pero ya no pude. Comencé a pensar en que estaría haciendo Bill, pues para ese momento él debería estar en la Biblioteca haciendo su reporte.

— ¡Deja de pensar en eso!—grité a la nada.

Fastidiado abandoné mis libros y me encaminé hasta la cómoda, donde tenía  guardados varios dulces y tomé un paquete de gomitas. El delicioso sabor de mis dulces favoritos era simplemente perfecto, pero mientras degustaba la quinta gomita la imagen de Emily se formó frente a mis ojos, los cuales estaban cerrados, y el antojo se me pasó inmediatamente. Así que me tiré en mi cama y me mantuve viendo a la nada mientras dentro de mí el coraje iba creciendo.

Me incorporé violentamente y tomé el celular para ver la hora, justamente eran las cinco con diecisiete minutos, marqué un número y esperé a que contestaran. Timbró una vez y me senté en la cama, timbró una segunda vez y mi pierna comenzó a bailotear, al tercer timbrado estaba jugueteando con mi piercing.

—Hola—contestaron.

— ¡Andreas! Tienes que venir a mi casa—dije en cuanto escuché su voz.

—Tom están pasando un documental sobre los tiburones blancos ¡son geniales! En tu casa no me dejaras verlo.

— ¿Tiburones geniales? ¡Estás loco! Son una máquina de matar.

—Tom, eso pasa sólo en las películas, según el documental los tiburones no

— ¡Olvídalo! Sólo ven a mi casa—dije con los ojos cerrados mientras imaginaba los dientes de la enorme boca de un tiburón dispuesta a devorarme.

—Tom, tengo flojera. Es más, ando en pantunflas.

—No me interesa, eres mi amigo y vienes acá en cinco minutos o significará que no me aprecias nada y que nuestra amistad es una farsa.

—Estás actuando muy dramático ¿no está Holy?

miércoles, 20 de julio de 2011

Prohibido enamorarse—Capitulo 17

Lamento muchisimo la demora de este capitulo, lo que pasa es que no he estado muy bien de salud aunque sean pocos los que lo saben (pocos realmente porque ni a mi BF se lo he dicho), pero la mano me molesta mucho desde hace un par de semanas y eso aunado a varios problemas personales y situaciones que me rodean han mermado mi ser. Me encuentro en una fase de bloqueo y es muy difícil escribir para mi. De nuevo lo digo, esto es algo que ni a mis mejores amigas les he contado y como no quiero seguir molestando con mis problemas mejor les dejo el cap.

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En un viejo sueño
En un constante anhelo
En un par de escenas lidas
En una cita no planeada
En tu corazón
y donde sea tu razón

Capítulo 17
Una cita



Mi mirada se había quedado fija en la figura de Andreas que desaparecía ante mi impotencia entonces puse toda mi atención en Tom. Mi novio se había quedado parado con una mirada sorprendida y llena de dolor.

Son un asco,  esa frase volvió a resonar en mi cabeza, pero estaba seguro que yo no la evocaba, no tenía por qué. Lo que había dicho a Andreas tenía un peor efecto en Tom que en mí, la relación de ambos era mucho más estrecha y yo comprendía que nuestro amigo estaba consternado. Debimos decirle antes, pensé en mi fuero interno pero no lo exterioricé. Volvía mirar a Tom sin decidirme a tomarlo entre mis brazos y decirle que todo estaría bien, no sabía si eso era lo ideal en ese momento o debía esperar más tiempo para que no se confundiera más.

— ¿Tom?—le llamé luego de unos minutos en que él  no dejaba de derramar serenas lágrimas mientras miraba el suelo.

No me contestó sino hasta mucho tiempo después.

—Quiero irme a mi casa—había pronunciado apenas.

Me sentía completamente impotente, molesto, triste y frustrado. Yo no podía hacer nada por sanar el dolor de Tom, ni siquiera era seguro abrazarlo para que se sintiera bien. Pero no podía quedarme sin hacer nada así que sin que él lo advirtiera lo abracé por la espalda y hundí mi cabeza en su cuello, respirando su aroma en forma pausada y silenciosa, no había rastro de deseo en ese contacto.

—No me importan los demás, me importas tú—le dije al oído.

—Te quiero demasiado Bill—me respondió y sus lágrimas comenzaron a salir de nueva cuenta.

lunes, 18 de julio de 2011

miércoles, 6 de julio de 2011

nuevamente un poema de mi fic

Sí, ya chole con mis malditos intentos de poemas o frases sin sentido que utilizo en mi fic...pero son necesarias jajajaj y como no recuerdo la contraseña y cuenta de mi photobucket pues se callan ¬¬ ajjajaj ok no....ando un tanto idiota hoy así que simplemente dejaré el "poema" y me largaré a no sé donde a hacer no sé que....

PD: Ya chole es como "a como chingo con lo mismo" u "otra vez lo mismo? ya cansa"

lunes, 4 de julio de 2011

Prohibido enamorarse— Capítulo 16

Un susurro
Una voz
Un futuro
Un beso feroz
Una elección
Una omisión
Un secreto
Un amor que es nuestro

Capítulo 16
Secretos en el hielo


En la radio que había en la cocina daban las noticias, el tipo que se encargaba de dar el pronóstico del clima dijo que habría una temperatura mínima de -7 C°, era un frio infernal. No obstante, tendría que soportar todo ese frio y el que surgiera pues a mi hermana se le había ocurrido que quería patinar, cómo nuestra prima Natalie tenía un viaje a Hamburgo Holy le había pedido que nos llevara a los dos y a Andreas,  consiguió los permisos y me obligó a ir. Esa niña conseguía siempre lo que quería o por lo menos la mayoría de las veces.

Me vestí con pantalones lo suficientemente anchos para llevar un pans debajo, llevaba dos playeras grandes de manga corta y otra con mangas pero sin cuello de tortuga, eso me hacía sentir ahogado. Antes de salir de mi habitación me puse una gorra nueva, era de un azul un poco grisáceo. Las rastas tienen una gran cualidad que me sirve mucho en invierno, mantienen caliente mi cabeza y mis orejas, aunque desde que había comenzado a usarlas recogidas no abrigaban tanto a mis orejas.

En la cocina Natalie se estaba tomando un café mientras escuchaba la radio, en cuanto me vio se levantó para saludarme. Ella era mayor que yo por varios años pero era como la hermana mayor que mi hermanita y yo no teníamos, era una chica guapa y con una cálida sonrisa. Ese día llevaba el cabello suelto que caía sobre su bufanda rosa, ella se mostró encantada de verme otra vez y me di cuenta que miraba mucho mi piercing, aún no se acostumbraba.

—¿De verdad no te dolió?—me preguntó señalando mi piercing.

—¡Claro que me dolió! No volvería a hacérmelo jamás—ella rió ante mi reacción.

—Yo ni siquiera podría imaginarme que te harías uno—comentó antes de dar un sorbo a su café—, luego te recogiste las rastas y usas gorra. Antes de estas vacaciones no me lo habría imaginado.

Comprendía a la perfección sus palabras, llevaba varios años con el mismo estilo y de pronto un día me recogí las rastas, me puse una gorra y me hice una perforación, eran cambios rápidos pero me gustaban.

—Tienes un look de chico malo—sonrió y yo la imité—, pero me centro en tu cara y eres un niño hermoso—eso no me agradó tanto, me extrañó mucho que ella dijera eso. Natalie puso la taza sobre la mesa y limpió sus labios con una servilleta—. Lo siento, pero así eres Tom. Tienes una cara muy linda, pero no te preocupes que se pierde entre tanta ropa.

—¿Me debo de alegrar o de enfadar?

—¡Ay Tom!—exclamó mi prima con cierto toque de reproche.

Reimos un poco, luego comenzó a contarme de sus proyectos. Primero quería poner un salón de belleza en Loitsche, la miré raro pues que yo recordara había ya un par de estéticas, pero ella me contó que aspiraba a más pues las estéticas se limitaban a hacer cortes de cabello y arreglar uñas, ella quería hacer algo más grande y abarcar más terreno.

—Recuerda que ellas ni siquiera te pudieron hacer las rastas—me dijo.

Era cierto, había ido a las dos estéticas y en ninguna me pudieron hacer las rastas, tan sólo me dieron largas y excusas tontas. Entonces, Natalie se había ofrecido a hacerlo, había estado tomando clases en un instituto de belleza y era muy buena. El resultado: tenía unas rastas hermosas.

—Pero necesito dinero, así que tengo que buscar trabajos de medio tiempo o de tiempo completo por un tiempo—me explicó.

Holy todavía no bajaba, lo más probable era que estuviera colgada al teléfono.

—Puedes pedir un préstamo ¿no?

—Sí, ya lo había pensado.

—O puedes trabajar de sirvienta por un año…

—Eso no me parece gracioso Tom.

— ¡Hola Nata!—entró mi hermana y se echó sobre nuestra prima, quien se había parado al verla en la entrada de la cocina.

Mi hermana menor solía llamar a nuestra prima Nata, yo le decía que nata es lo que queda arriba de la leche cuando la pones a hervir y luego se seca, pero a Holy le importaba poco que pudiera significar. No perdimos tiempo y subimos al automóvil de Natalie, no era un auto del año pero ella había podido mantenerlo en buen estado desde que lo había adquirido, luego fuimos por Andreas y por fin salimos rumbo a Hamburgo.

En el camino, quienes habían mantenido la conversación habían sido tanto Holy, Andreas y Natalie, yo no era tan bueno para charlar además mi celular no tenía crédito y no podía mandar mensajes para distraerme y dejar de estar ansioso. Tenía casi dos días sin saber de Bill, me mordí el labio al recordarlo, me sentía mal al no saber de él. Estiré mi mano y comencé a dibujar sobre el cristal del auto, por una fracción de segundo sentí como si sus dedos tocaran las yemas de los míos, me reconfortó un poco y cerré los ojos.
      
***

En la pista de hielo había muchas personas vestidas con grandes abrigos  rellenos de plumas de ganso u otros materiales que proporcionaran calor, gorros, guates, bufandas, todo lo que se necesitara para sobrellevar el frio que ya era algo a lo que nos habíamos acostumbrado pero aún así no dejaba de sentirse. Alcé la vista y vi a una chica con orejeras enormes cubiertas de peluche rosado, en seguida pensé en Emily.

Andreas estaba a mi lado derecho cuando entramos en la pista, Natalie había ido a cumplir los mandados que tenía y nos había dejado, miré a mi amigo de reojo, yo no podía tener un mejor amigo que él.

Luego de un rato Andreas había desaparecido, seguramente había ido a los sanitarios, entonces mi hermana me giro para quedar enfrente de ella y me aventó. Sentí mi espalda golpear contra algo o alguien y luego el frio subiendo desde mi torso y mi trasero a todo lo demás. Algo, o más bien dicho alguien  había amortiguado mi caída, mis piernas estaban sobre esa persona, se sentía cálido. En cuanto estuve consciente de lo que pasaba me puse de pie y mientras lo hacía observé a la persona que yacía tirada sobre el suelo: cabello negro, piel algo blanca, sonrisa con dientes ligeramente torcidos, facciones perfectas. Bill.

En mi garganta se ahogó un grito al mismo tiempo en que sentía como si un puño naciera desde el interior de mi pecho y apresara entre sus dedos mi corazón, una sonrisa afloró en mi rostro y las personas que habían dejado de patinar y nos miraban no importaban. Bill se inconrporó mientras cerraba su ojos y se sobaba la espalda y los glúteos, se había pegado fuerte; lo mire de pies a cabeza, desde los tenis blanco con negro impecables, el pantalón ligeramente ajustado, el cinturón con una calavera, los guantes negros, la chamarra roja con blanco, su rostro siempre hermoso y ssu cabellos completamente parados gracias a la laca. Él me miro a mi y la gente comenzó a ispersarse, ya no eramos el centro de atención.

—¡Bill!—dije emocionado.

—Tom—dijo él mientras yo me quedaba clavado al suelo, su voz era visiblemente emocionada pero tranquila.

miércoles, 29 de junio de 2011

un "poema" más

Si bueno yoa saben que me gusta hacer los "poemas" de los capítulos de mi fic y esta vez no es la excepción, asi que sin más ...se los dejo...


viernes, 24 de junio de 2011

Prohibido enamorarse—Capitulo 15

He estado castigada y había olvidado actualizar @.@ merezco una patada yo lo sé. Este capitulo se lo dedico a Antonie, Andriana, Tere y a Gaby...los amo 

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Los planes surgen;
Las casualidades no existen;
El destino juega con nosotros;
Al final, son el uno para el otro.

Capítulo 15
Vida y una crónica



            Si contaba a los chicos reunidos cerca del viejo cadilac me sobrarían dedos, eran apenas cuatro muchachos los que ahí estaban reunidos. Los miré con detenimiento, el primero era alto, quizás medía más de 170 cm, llevaba el cabello muy corto y era negro, su frente era ancha y de vez en cuando se le arrugaba, sus pantalones eran anchos y su playera también pero no en exceso, su atuendo era complementado por una sudadera de gran tamaño; otro tenía el cabello largo a la altura de las orejas, llevaba vaqueros y una chamarra de cuero; luego estaba un rubio de vestimenta similar al castaño, pero éste llevaba una sudadera en lugar de chamarra; y por último, un rubio de cabello corto y mirada seria, vestimenta completamente normal. Ese era mi chico. Avancé hasta con ellos con una sonrisa, aunque estaba algo nerviosa pues todos esos chicos eran mayores y el de cabello negro tenía una pinta que me ponía paranoica.

Unos minutos bastaron para estar frente a ellos, el castaño dejó de hablar en cuanto me vio y los otros se giraron, me sentía estúpida por no hablar pronto. Aclaré mi garganta e hice gala de mi sonrisa, en seguida me dirigí al rubio y traté de manejar la situación.

—Disculpen. Bueno, tú eres Gustav ¿verdad?— señalé al chico rubio de pelo corto.

—Sí—me miró inquisitivamente desde antes de contestar.

— ¿Podemos hablar? Sólo serán unos minutos—obviamente ninguno comprendía que era lo que una niña buscaba con ellos, el de pelo negro le dirigió una mirada picarona a su amigo. El de cabello castaño tenía los ojos verdes, eran lindos.

—De acuerdo—dijo sin más y se abrió paso para llegar a mí. Caminamos un poco más para poder charlar.

—Soy Holy, Holy Kaulitz—me presenté y le tendí la mano.

—Mucho gusto.

—Verás, sé que sonará extraño pero sé que Bill es amigo tuyo—comencé a hablar nerviosa.